El lujo de una ciudad verde

Publicado en la Revista Estilo Ejecutivo de La República, Septiembre 2016

Publicado en la Revista Estilo Ejecutivo de La República, Septiembre 2016

Por Federico Cartín Arteaga, MUP
Economista y Máster en Planificación Urbana

Para cualquier extranjero, Costa Rica es un lujo de país por su naturaleza exuberante sin paralelos: un destino que muchos anhelan. La reciente campaña del ICT “Save the Americans” justamente representa esa realidad: somos un escape para muchos.

¿Pero es nuestra ciudad un lujo para quienes habitamos en ella? ¿Es un destino para quienes vienen a gozar las maravillas de nuestro país? No. Pero debería y puede serlo.

El deber. Costa Rica es conocida como la capital ecoturística del mundo, pero nuestra región capital tiene aún mucho camino por recorrer en lo ecológico y lo turístico. Según el Centro Centroamericano de Población, varios de nuestros cantones josefinos cuentan con prácticamente 0% de cobertura forestal. Y peor aún, los espacios públicos formales -parques y plazas - apenas llegan al 3% en algunos barrios y distritos capitalinos.

Nuestro querido río Torres, división entre nuestra capital y varios otros municipios tiene hasta 17 millones de coliformes fecales cuando lo sano son mil. Las partículas tóxicas en el aire exceden en hasta un 80% los recomendado y el ruido hasta en un 30% - comprometiendo nuestra salud pública y los gastos de nuestro Seguro Social. Los costos por la desenfrenada expansión urbana que se come nuestra naturaleza nos pasan la factura en transporte cercana al 6.5% del PIB, según el Programa del Estado de La Nación.

Es un lujo no tener una ciudad verde.

El poder. Como país generamos más de US$2,8000 millones de dólares por turismo en el 2015 (cercano al 5,3% del PIB). Estos turistas vienen a nuestro país por nuestra oferta natural: ¿por qué entonces no la hemos incorporado el verde en nuestra ciudad? ¿por qué si buscamos salir de la ciudad para darnos un respiro con la naturaleza no la hemos incorporado a nuestro diario vivir?

Son esas y muchas razones más por la que apostamos varias organizaciones y con el trabajo de casi un centenar de voluntarios de la sociedad civil las Rutas Naturbanas: para conectar a las personas a la ciudad a través de la naturaleza. 

En momentos en que nos ahogamos de estrés y pasamos horas atravesando la ciudad, nuestra propuesta busca conectar más de 25 kilómetros de vías de uso compartido para permitir que las personas puedan caminar y pedalear a través de la ciudad a la par de los ríos Torres y María Aguilar. Pero principalmente, escapar del caos citadino y encontrar estos santuarios naturales abandonados a orillas de los mismos ríos que dieron nacimiento a la urbe.

Otras ciudades del mundo han apostado por esa regeneración verde en distintas formas. La ciudad de Nueva York, también a raíz de una iniciativa ciudadana, creó el parque elevado sobre rieles de tren abandonado: el Highline. Con un costo de US$112 millones, el parque ha cautivado a residentes  y visitantes, posicionándose como el segundo destino turístico más importante de la ciudad: ¡atrayendo a más personas que el MOMA y la Estatua de la Libertad juntas! Por ello, ha generado más de US$2,000 millones en inversiones en las áreas colindantes y se estima que genere US$900 millones en recursos frescos durante las siguientes dos décadas en impuestos: permitiendo a la Ciudad de Nueva York mejorar la infraestructura y servicios para las personas.

¿Y en Costa Rica? Con una inversión estimada en US$8.1 millones en crear 25km de Rutas Naturbanas, podríamos captar casi US$114 millones de dólares anuales si los turistas decidieran quedarse un día más en San José. Asumiendo una plusvalía conservadora, los cinco cantones podrían captar más de US$27 millones por año en impuestos territoriales. ¿Cuánta inversión podría generarse en la cercanías de los ríos urbanos producto de una renovación urbana? ¿Cuánto más podrían disponer los municipios si aumentaran sus patentes municipales productos de nuevos comercios?

El crear un sencillo camino para las personas, limpiar nuestros ríos, regenerar la naturaleza adyacente a ellos no solo es importante para nuestro escosistema y, por ende, de nuestra propia sobrevivencia en esta tierra. Tiene el potencial de inyectar a nuestras economías locales fuentes de empleo, ahorros importantes en pérdidas por congestionamiento vial y nuevos recursos para que las municipalidades puedan continuar mejorando la calidad de vida de todos los que vivimos en la metrópolis.

¿Cuál lujo preferimos tener? Nosotros apostamos por el lujo que genera, no el que nos cuesta